Monocultivo impacta la diversidad genética del agave mezcalero
CIENCIAS DE LA VIDA / ECOLOGÍA Y TECNOLOGÍA.
Ecólogos identifican cambios en la evolución del espadín de Oaxaca y en la desforestación del bosque tropical seco.
El famoso mezcal espadín del estado de Oaxaca ha traído desarrollo económico a la región mediante la intensificación del monocultivo: las plantaciones crecieron 400% en 27 años. Tal como ha ocurrido con el “agave azul” tequilero en Jalisco, este fenómeno industrial alarma a los ecólogos.
El doctor Luis Enrique Eguiarte Fruns, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM y su equipo del Laboratorio de Evolución Molecular y Experimental analizan cómo influyen en la evolución del agave —y otras especies— los fenómenos socioeconómicos e industriales en los cambios del modelo agrícola que llevó al mezcal oaxaqueño a su éxito mundial.
Y es que el auge mezcalero ha modificado el paisaje y la ecología en la región, al pasar de los necesarios bosques secos o los plantíos correspondientes de la milpa a paisajes con hileras simétricas azul verdosas en los valles semiáridos y montañas de Oaxaca.
La expansión de las plantaciones de agave se lleva a cabo en uno de los biomas más amenazados del planeta: el Bosque Seco Tropical; el cambio de uso de suelo hacia actividades agrícolas representa una de sus principales amenazas. En México, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (2026) más del 70% han sido transformados o degradados. Entre 1995 y 2022 el establecimiento de plantaciones de agave fue responsable de hasta el 62% de la deforestación en zonas focalizadas de Oaxaca.
Riesgos de la dominancia del Espadín.
México lidera la diversidad biológica y evolutiva del género Agave, con más del 70% de las especies de agaves registradas a nivel mundial. Oaxaca destaca en la biodiversidad de este grupo vegetal, plantas como el tobalá (Agave potatorum), el papalometl o maguey ancho (Agave cupreata), el tepeztate (Agave marmorata), el cuishe o tabasiche (Agave karwinskii) y docenas más, han evolucionado durante milenios adaptándose a las condiciones locales.
A pesar de que existen más de 40 especies de la planta que se pueden aprovechar para la producción artesanal de mezcal, el maguey espadín (un cultivar domesticado de la especie silvestre Agave angustifolia) domina el mercado, con más del 85% del volumen de producción de la bebida, según el reporte 2025 del Consejo Mexicano Regulador de la Calidad del Mezcal.

Esto se debe en gran parte a sus características ecofisiológicas y agronómicas, explica el doctor Luis Eguiarte. Las especies silvestres pueden tardar un periodo de 15 a más de 30 años en alcanzar la madurez en el monte, en cambio, el espadín cultivado puede madurar entre 6 y 10 años.
Además, sus tallos o “piñas” se prestan a la propagación vegetativa masiva mediante “hijuelos” (brotes clonales en la base de la planta), lo que ha llevado a que en las parcelas de espadín de Oaxaca los cultivos estén compuestos mayoritariamente por individuos genéticamente idénticos o “hermanos completos”. Este patrón es una consecuencia directa de la supresión de la reproducción sexual por semilla.
Lo anterior se sabe por estudios de genética de poblaciones encabezados por el doctor Eguiarte, en los que utilizaron marcadores moleculares de alta resolución luego de recolectar muestras en trabajos de campo de la región. La falta de reproducción sexual no permite depurar “naturalmente” las mutaciones nocivas acumuladas en linajes vegetativos, un proceso conocido como “decaimiento clonal”.
Entre las consecuencias agronómicas inmediatas se encuentra la pérdida de resiliencia frente a fitopatógenos (hongos, virus, bacterias o nemátodos) oportunistas y justamente, por carecer de diversidad genotípica, una plaga adaptada a un individuo puede propagarse con mayor rapidez por cientos de hectáreas llenas del mismo cultivo.
El doctor Luis Eguiarte señala que en la cultura popular y en el cine de ciencia ficción nos han vendido la idea de que una mutación es algo extraordinario.
“En la ficción, los mutantes son seres súper desarrollados con poderes espectaculares y cambios morfofisiológicos instantáneos; mientras que en los agaves y la naturaleza es un proceso lento y a nivel poblacional que cambia la variabilidad genética sobre la cual actúa la evolución. No se generan súper agaves, es más probable que lleven a la especie al deterioro o a la acumulación de mutaciones dañinas”.
Los riesgos en la agricultura son reales, un caso famoso fue la llamada “gran hambruna irlandesa” que ocurrió en el siglo XIX. El colapso sucedió por falta de variabilidad genética en las papas cultivadas en Irlanda, cuyas cosechas fueron arrasadas por completo por el patógeno Phytophthora infestans; esto provocó la inanición de más de un millón de personas y una migración masiva en busca de alimento.
En el contexto mexicano, la industria del tequila también ya ha atravesado por crisis fitosanitarias de gravedad, debido a que tienen la misma práctica de monocultivo con abuso de clonación del Agave tequilana var. azul.
Otro de los principales peligros de las prácticas clonales intensivas es la baja resiliencia que reduce drásticamente la capacidad de esta especie a evolucionar y adaptarse a amenazas como el Cambio Climático y las sequías.
Interacciones ecológicas.
El modelo agrícola actual del agave en Oaxaca provoca falta de floración, lo que afecta directamente las redes de polinización de ese ecosistema. El impacto alcanza a un conjunto diverso de animales que dependen del néctar y del polen del agave: colibríes, murciélagos, polillas, calandrias, abejas y avispas.
Los agaves son plantas que se conocen como monocárpicas, debido a que desarrollan una sola inflorescencia de gran tamaño (el quiote) cuando termina su ciclo vegetativo. Pero, para optimizar la concentración de azucares en la piña destinada a la destilación, los agricultores cortan el quiote antes de que florezca.
La remoción masiva en los campos interrumpe la disponibilidad de recursos alimenticios y afecta la conservación del Bosque Seco Tropical. Si los campos continúan sin florecer, los animales que dependen de esas fuentes de alimento pueden desaparecer localmente, reducir sus poblaciones o desplazarse a otras zonas.
El modelo de monocultivo industrial también ha desplazado los esquemas tradicionales de la milpa agrícola donde el agave convivía, en los límites de las parcelas, con maíz, frijol, calabaza y arboles nativos. Esto afecta la variedad del campo y nuestra alimentación, además pone en riesgo el patrimonio biocultural de México.

Alternativas para enfrentar la problemática.
Frente a las diversas amenazas, el doctor Eguiarte y su equipo de colaboradores continúan trabajando en la secuenciación y análisis de genomas para lograr encontrar alternativas que puedan ayudar a seleccionar y mejorar estas plantas desde sus genes y variedades y así tener opciones frente a los inminentes problemas de plagas o sequías, por ejemplo.
También trabajan de cerca en el campo con los agricultores y mujeres agricultoras que son, en gran medida, las que luchan por los esquemas tradicionales y quienes custodian a los bosques de encino amenazados por la deforestación para la leña de la cocción.
El investigador comparte algunas alternativas que como ciudadanos podemos ejercer para mejorar la cadena de valor en nuestro país: informarnos, acercarnos a los lugares de origen o asegurarnos de elegir mezcales provenientes de pequeños productores independientes, valorar mezcales de variedad tradicional elaborados con prácticas respetuosas del entorno y comprar directamente a las comunidades campesinas para que la distribución de los recursos económicos llegue verdaderamente a ellos.
Una opción es buscar sellos como el Bat Friendly en los mezcales, que certifican a los productores que permiten a una proporción de los agaves florecer y así alimentar a los murciélagos y otros polinizadores, ayudando a la sustentabilidad, un proyecto encabezado por Rodrigo Medellín, también investigador del Instituto de Ecología.
El doctor Luis Eguiarte concluye que el fenómeno del mezcal presenta actualmente un mercado dominado por muchos productos relacionados con grandes compañías trasnacionales y nacionales que priorizan la producción masiva mediante monocultivos clonales y otras prácticas agrícolas contaminantes, por lo que siempre es mejor apoyar a los locales que siguen en resistencia tradicional.
Por: Liliana Morán Rodríguez.
Sitio Fuente: Ciencia UNAM