Ante altas temperaturas sugieren construcciones sustentables

UNAM: CIENCIAS DE LA TIERRA / CLIMATOLOGÍA / ARQUITECTURA Y URBANISMO.-

- Diana Pacheco y Gustavo Madrid indicaron que es necesario utilizar materiales e implementar diseños innovadores, a fin de que las urbes y sus inmuebles tengan menor impacto en el medio ambiente.

Las construcciones de la Ciudad de México combinan sistemas tradicionales de alta masa térmica, como mamposterías, canteras y tezontle, y junto con la rápida expansión urbana del siglo XX basada en concreto, asfalto y vidrio se generan elevadas temperaturas, razón por la cual se requieren edificaciones sostenibles.

La coordinadora de Vinculación y Alianzas Estratégicas de la Cumbre Climática Juvenil CDMX 2026, Diana Laura Pacheco Barbina, planteó lo anterior y también que es necesario reacondicionamientos bioclimáticos, especialmente porque hay diferencias térmicas en zonas densamente pobladas como las alcaldías Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo e Iztapalapa, y otras con mayor cobertura vegetal o suelo de conservación, por ejemplo Tlalpan y Milpa Alta.

En esta metrópoli, dijo, la combinación de islas de calor urbanas (zonas más calientes que sus alrededores) y el calentamiento global ocasionan aumento en la frecuencia y duración de temperaturas inusualmente altas durante varios días, lo que se conoce como ondas de calor.-

De esa manera se intensifica la evaporación, empeora el estrés hídrico de la vegetación terrestre y se aceleran las reacciones fotoquímicas del ozono, mencionó al participar en el ciclo Construcción Sostenible, dentro del seminario “Tecnologías para la mejora urbana” del Programa Universitario de Estudios de la Ciudad (PUEC) de la UNAM.

Ante el secretario técnico del PUEC, Manuel Hernández Rosales, quien fungió como moderador, la experta explicó que en el mundo las obras causan 34 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono asociadas a la energía utilizada para ponerlas en funcionamiento, calentarlas, enfriarlas y fabricarlas.

De acuerdo con la especialista, los inmuebles sostenibles requieren un diseño bioclimático y urbano que tome en cuenta la energía y las emisiones que ocasiona, los materiales, la gestión del agua, así como la salud y el bienestar térmico.

¿Qué hacer?

Para mejorar el clima a su interior, Pacheco Barbina propuso utilizar dispositivos de sombreado fijos, móviles y vegetales para la adaptación climática de ventanas y fachadas. Son estrategias pasivas en vanos, es decir, en aberturas, huecos o lugares vacíos en muros, techos o estructuras para permitir el paso de luz, aire, personas o elementos constructivos.

También sugirió uso de celosías, que son tableros o enrejados calados para cerrar ventanas o balcones permitiendo el paso de luz y aire mientras resguardan la privacidad, señaló.

Los dispositivos de control solar en cubiertas permiten captar niveles medios de calor de acuerdo con la estación del año, mientras que los aislantes térmicos e impermeabilizantes en color blanco reducen hasta 15 grados Celsius la captación de rayos solares.

Las azoteas con vegetación, aunque sea de plantas sembradas en macetas, son recomendables ya que disminuyen la temperatura interior del edificio hasta 10 grados Celsius y ayudan a purificar el aire, atrapan dióxido de carbono y atraen a polinizadores, subrayó.

A su vez, el consultor especializado de la oficina de diseño y planeación urbana “Espacio ÷ tiempo estudio”, Gustavo Madrid Vázquez, se refirió a la elaboración de calles más eficientes para la vialidad y propiciar la transformación de algunas en peatonales. Lo deseable es que sean arboladas y el asfalto se sustituya por materiales como adoquines, los cuales capten el agua de lluvia.

También la colocación de dispersores subterráneos, que son sistemas de ductos perforados prefabricados sobre una base de arena fina en la que se pueden colocar otros materiales que faciliten la infiltración del vital líquido al subsuelo, al igual que la fabricación de pozos de visita, estructuras verticales que conectan la superficie de la calle con las redes de servicios subterráneos.

Sitio Fuente: Boletín UNAM-DGCS-596