El fenómeno de la rápida pérdida de peso con fármacos ¿Quiénes se benefician?
CIENCIAS DE LA SALUD / FARMACOLOGÍA / CUIDADO DE LA SALUD.
La popularidad de análogos del GLP-1 destapa la compleja realidad biológica del tratamiento de la obesidad.
En los últimos años, la conversación pública sobre el aumento de peso de las personas gira en torno a dos caminos que parecen un tanto opuestos. Por un lado, el sobrepeso y la obesidad vistas como una enfermedad crónica. Y por el otro, la corriente social Body Positive (positividad corporal) que defiende la aceptación y el respeto de todos los cuerpos, sobre todo para evitar prejuicios de peso y talla asociados a los estándares tradicionales de belleza.
Para abrir panorama, conversamos con académicos de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza, la maestra Mariana Isabel Valdés Moreno, jefa de la carrera de Nutriología, y el doctor Valentín Islas Pérez, de la carrera Químico Farmacéutico Biológica, sobre los alcances del boom de la farmacología en el tratamiento de la obesidad.
¿Perder peso para ganar salud?
En términos médicos, la obesidad es considerada la gran epidemia no transmisible del Siglo XXI, por ser uno de los problemas más importantes de salud de nuestros tiempos, se le asocia con un espectro muy amplio de alteraciones fisiopatológicas. Por tanto, la pérdida de peso ha sido la promesa para mejorar la salud de las personas.
La maestra Mariana Valdés Moreno aclara que perder peso -específicamente grasa en vez de músculo- es un proceso diferente para cada persona. La percepción social de esta situación puede sentirse como un fracaso personal, falta de voluntad o autocuidado.
“El body positive, junto con la idealización de la delgadez, forman parte de un panorama donde la nutrición clínica ha estado buscando redefinirse. El campo de la salud está procurando dejar atrás las intervenciones "pesocentristas" (enfocadas únicamente en el número de la báscula) para avanzar hacia un abordaje más integral y que evite el estigma hacia las personas con sobrepeso u obesidad”, explica la especialista en nutrición Mariana Valdés.
"El músculo es un tejido vital metabólicamente activo. Si la pérdida de peso es rápida y artificial, y no se acompaña de una dieta correcta, incluyendo el consumo adecuado de proteínas y ejercicio de fuerza, el cuerpo puede perder músculo en lugar de grasa, lo que afecta la funcionalidad, la independencia y la salud metabólica a mediano plazo", explica.
Para las más de mil millones de personas en el mundo que viven con sobrepeso u obesidad, el paradigma cambió hace apenas dos décadas cuando la Asociación Médica Estadounidense (AMA) la reconoció formalmente como una enfermedad; por lo que aumentó la investigación y se impulsó el desarrollo de nuevos medicamentos a partir de sustancias sintéticas obtenidas por el trabajo interdisciplinario de investigadores de las ciencias médicas y de la industria farmacéutica, además de las intervenciones quirúrgicas.
Como resultado, se desarrollaron y produjeron medicamentos comerciales como Ozempic, entre otros, que no tuvieron el objetivo original de ser tratamiento para la obesidad. Se trató de un avance para el manejo de la diabetes tipo 2 porque regula la glucosa en sangre. Sin embargo, en el camino, se descubrió que su mecanismo molecular también funcionaba para la pérdida de peso, al promover la saciedad.
Y así comenzó una nueva era donde la obesidad y el sobrepeso se comienzan a tratar con prescripción de medicamentos y se mercantiliza por las farmacéuticas. Se espera que la atención médica no olvide los determinantes sociales de la obesidad a cambio de la economía política de la enfermedad
Funcionamiento del GLP-1.
El doctor Valentín Islas Pérez, especialista en farmacología, explica que las incretinas (del acrónimo intestinal secretion insulin) son hormonas naturales que el cuerpo secreta ante la presencia de alimento en el intestino:
“Las dos incretinas principales se conocen como GIP (acrónimos de “gastric inhibitorio polypeptido”) y GLP-1 (acrónimos de “glucagon lyke polipeptido tipo 1”). Una vez secretadas, se difunden a la sangre y llegan al páncreas en donde se unen a receptores ubicados en las células alfa y beta desencadenando, al interior de las mismas, una serie de reacciones cuyo resultado final es regular la concentración de glucosa sanguínea, estimulando principalmente la liberación de insulina e inhibiendo la liberación de glucagón. Adicionalmente, interaccionan con receptores localizados en el sistema nervioso central”.
Los fármacos como la semaglutida (Ozempic/Wegovy) o la tirzepatida (Mounjaro) son versiones sintéticas diseñadas para imitar la hormona natural GLP-1 (péptido similar al glucagón tipo 1) que el cuerpo produce en el intestino luego de comer y que envía señales de “es suficiente, estoy saciado”.
Dichos medicamentos envían estas señales, pero con una resistencia química superior que extiende su vida media en el cuerpo, de apenas cinco minutos a una semana entera.
“Actúan mediante un doble efecto. Estas moléculas llegan al torrente sanguíneo e interactúan con receptores en el páncreas. Por un lado, estimulan a las células beta para aumentar la liberación de insulina y, por otro, disminuyen la síntesis de glucagón en las células alfa. El resultado es una regulación mucho más eficiente de la glucosa en sangre”, expone el Dr. Islas.
Su impacto no se limita al páncreas. La regulación, asegura el doctor Valentín Islas, también favorece la pérdida de peso debido a sus efectos en el sistema digestivo y en el cerebro. Desde el intestino, manda un mensaje directo al cerebro, actúa sobre el hipotálamo -centro encargado de procesar el hambre y la plenitud- lo que hace que la persona se sienta satisfecha por más tiempo después de comer.
Aunque, aclara, no todos los agonistas actúan igual. “La diferencia radica en cuántas cerraduras moleculares pueden abrir”. Por ejemplo, semaglutida (Ozempic y Wegovy) actúan sobre un solo receptor, el del GLP-1. Mientras que Tirzepatida (Mounjaro) es un agonista dual que imita dos hormonas (GLP-1 y GIP). Esta acción combinada permite resultados en pacientes que alcanzan una pérdida de hasta el 30% de su peso inicial.
Por su parte, la maestra. Mariana Valdés explica que estos medicamentos tienen receptores en múltiples tejidos, incluyendo el Sistema Nervioso Central. “Al actuar a nivel central, inducen una sensación de saciedad y reducen el apetito. Además, ralentizan el vaciamiento gástrico, lo que prolonga la sensación de llenado tras comer. Es esta combinación -el control metabólico periférico y la regulación del hambre a nivel cerebral-, lo que ha permitido su uso tanto en el tratamiento de la diabetes tipo 2 como en el manejo clínico de la obesidad.
¿Es peligroso usarlos?
Tanto el doctor Islas como la maestra Valdés coinciden en que estos medicamentos deben ser prescritos y monitoreados exclusivamente por médicos especialistas.
"Estamos hablando de hormonas sintéticas que impactan en muchos tejidos del cuerpo", advierte el doctor Islas. Aunque los estudios a largo plazo -algunos analizando hasta 240 semanas- sugieren que son seguros para el uso prolongado bajo control, aún existen áreas bajo investigación constante”, explica el doctor Valentín Islas, especialista en farmacología.
"Si una persona los usa sin tener obesidad clínica, solo por fines estéticos o de 'bajar de peso rápido', está exponiendo su cuerpo a riesgos innecesarios sin un beneficio terapéutico que los justifique", advierte la Mtra. Valdés.
Los síntomas reportados con mayor frecuencia, al usar estos medicamentos, incluyen: náuseas, como la principal razón por la que algunos pacientes interrumpen el tratamiento; dolor de cabeza y mareos; vómitos y diarrea; dolor abdominal y calambres; fatiga y cansancio; estreñimiento, debido al retraso en el vaciado gástrico; y otros problemas digestivos como reflujo, indigestión y gases.
Otros efectos secundarios graves, pero menos comunes porque ocurren en un porcentaje menor de pacientes: pancreatitis; problemas de la vesícula biliar, hipoglucemia (niveles bajos de azúcar en la sangre), cambios en la visión o ceguera, riesgo de tumores de tiroides. Por ello, está contraindicado en personas con antecedentes de ciertos tipos de cáncer de tiroides o problemas en esta glándula.
Valentín Islas considera que aún estamos en una fase de aprendizaje. "Yo no dudo que en unos 10 años ya sepamos bien la dosificación y el uso adecuado, pero por ahora, hay que considerarlos con bastante precaución. Los efectos en la salud metabólica son reales, pero el camino hacia ella exige mayor cuidado, por encima de la tendencia estética”, advierte.

Tratar la obesidad de por vida.
Si bien el efecto farmacológico es efectivo, no debe ser la única vía de solución. La maestra Mariana Valdés enfatiza que la obesidad no debe ser reducida a una cuestión de "voluntad" o verla como un simple desequilibrio químico-biológico.
"Debemos entender la obesidad como una enfermedad compleja, con una etiología multifactorial que involucra aspectos sociales, culturales y ambientales; lo que requiere un enfoque de atención integral y constante a lo largo de toda la vida”.
Asegura que el éxito en el tratamiento de la obesidad no radica solo en la pérdida de peso, sino en su mantenimiento, lo cual requiere un abordaje constante y multidisciplinario.
Se ha documentado que cuando una persona pierde peso, el cuerpo genera una respuesta de hambre compensatoria.
Valentín Islas reconoce que la obesidad es una enfermedad crónica que no parará por un medicamento temporal. "Una vez que cortas el tratamiento, corres el riesgo de que el efecto se revierta. Esto ocurre porque el cuerpo activa una ´respuesta de hambre compensatoria´ que intenta recuperar los kilos perdidos”. Explica que los medicamentos agonistas de GLP-1 son efectivos para reducir la sensación de hambre y los antojos, pero este control desaparece si se deja de tomar el medicamento.
Y, aunque el exceso de peso/grasa (el síntoma) pueda estar en remisión gracias a fármacos o cirugía, la predisposición biológica de la enfermedad permanece. De ahí que cambiar el estilo de vida (dieta y ejercicio) sea indispensable.
El tratamiento de la obesidad es similar al de la hipertensión o la diabetes. Un paciente diabético no deja de usar insulina porque su nivel de azúcar haya bajado, ni un hipertenso deja su medicación porque su presión sea normal; de la misma manera, el control de la obesidad depende de la continuidad del tratamiento, asegura la maestra Valdés.
De hecho, las directrices internacionales, como las de la Organización Mundial de la Salud (OMS), recomiendan que el uso de análogos de GLP-1 se considere para un tratamiento prolongado y dentro de un enfoque integral que incluya dieta y ejercicio.
El tratamiento con estos fármacos, actualmente, puede costar entre $2,800 y $5, 600 por inyección al mes y, si consideramos que el tratamiento puede ser de unos 5 meses a 3 años, el gasto podría ser insostenible. Lo que constituye una barrera económica para gran parte de la población, porque tampoco se encuentran en el cuadro de tratamientos de la salud pública.
Sin embargo, también se ha fomentado un mercado peligroso de versiones "compuestas" o falsificadas. A diferencia de las plumas prellenadas originales, las versiones piratas de compuestos desconocidos o que se venden en viales con jeringas, ha provocado errores de dosificación de hasta 10 veces la dosis prescrita, resultando en hospitalizaciones por toxicidad pancreática y hepática.
La liberación de patentes, que se espera comience a ocurrir en México hacia 2027, promete democratizar el acceso, porque podría costar hasta un 60% menos del valor comercial actual.
El peligro de la popularización actual es la visión del medicamento como un atajo. Sin un acompañamiento multidisciplinario, el uso de estos fármacos puede derivar en problemas serios.
"Si el paciente no recibe educación alimentaria ni orientación sobre actividad física y no se le informa sobre el impacto de sus decisiones alimentarias, el medicamento es solo un parche temporal", advierte la maestra Valdés, experta en nutrición
En el momento en que se suspende el tratamiento -que no está diseñado para ser de por vida-, si la persona no ha modificado sus hábitos o su relación con el entorno, el riesgo de recuperar el peso es alto. Además, existe un riesgo metabólico y funcional crítico: la pérdida de masa muscular (sarcopenia).
La maestra Mariana Valdés Moreno, jefa de la carrera de Nutriología de la FES Zaragoza, concluye que el papel del nutriólogo moderno debe trascender el pesocentrismo, para enfocarse en la educación alimentaria y el bienestar metabólico.
"Necesitamos formar profesionales que entiendan el contexto del paciente, muchas veces un ambiente obesogénico o pantanos alimentarios... y que trabajen en equipo con médicos, psicólogos y activadores físicos para ofrecer un abordaje integral". Y cuando el médico tratante lo considere necesario, las personas se apoyen de farmacología.
Por su parte, el doctor Islas, especialista en farmacología, considera que los agonistas del GLP-1 representan un avance médico innegable para el tratamiento de enfermedades metabólicas, pero su beneficio depende de cómo se utilice y quién vigila o acompaña el cuidado de la salud. “Los pacientes deben pasar de la búsqueda de la “´fórmula mágica´ y encontrarse con el cuidado integral de la salud”.
Por: Liliana Morán Rodríguez.
Sitio Fuente: Ciencia UNAM