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El sionismo no es semitismo

UPALEl sionismo, ante la falta de argumentos y la carencia de una historia legítima, manipula conceptos para callar y someter a quienes son antisionistas, tildándolos de «antisemitas» como si oponerse a políticas genocidas y colonialistas fuera un acto de racismo, para luego criminalizar1. En la ley antidiscriminación colombiana, se menciona dicho término; sin embargo, hasta el día de hoy, los legisladores colombianos solidarios con la causa palestina no han promovido un debate en torno a esta por el uso de un concepto que carece de sustento científico, cuyo significado ya era desacertado desde su creación.

El sionismo no es semitismo, ni todo lo judío es necesariamente semita. Lo semítico es una categoría lingüística que clasifica las lenguas que surgieron de un mismo tronco en la Siria histórica, la Mesopotamia y la península arábiga. Por lo tanto, también son llamadas lenguas Sirio-Arábigas. En la actualidad, esta gran rama lingüística, sólo incluye al árabe Fusha(el clásico y el Standard) y las más de 14 variedades árabes coloquiales; a las lenguas neoarameas como el sureth o Kaldani, el Turoyo, el Deni y el neoarameo occidental(el de Maaloula); también dialectos sudarábigos (que aún hablan algunas comunidades en Yemen y Omán) y las lenguas etiópicas. En el pasado, existieron también las lenguas cananeas; el amorreo, el dumaitico, el ugarítico, el acadio, el eblaíta, todas las variantes del arameo antiguo y las antiguas lenguas norarábigas que son la base de los dialectos coloquiales del árabe actual. El sionismo, en cambio, es una ideología de falso nacionalismo, con una neolengua de laboratorio llamada hebreo moderno. Esta no es una resurrección de una lengua extinta, sino la invención de otra, que carece de un continuum lingüístico y no es semítica ni en su sintaxis ni en su fonología. El sionismo ha ejecutado un proyecto colonial en Palestina, disfrazado de un retorno de una diáspora que carece de evidencia histórica, y que las potencias triunfantes en la Segunda Guerra Mundial, ayudaron a imponer para que se creara un ente colonial que desde sus inicios viene ejecutando una limpieza étnica, que no solo se roba la tierra de los árabes palestinos además del Líbano y Siria, también su historia y la cultura de sus ancestros.

El verdadero antisemitismo se manifiesta hoy, en los crímenes que comete ese ente sionista, llamado Israel, contra los palestinos, los libaneses y los sirios. También se observa en la discriminación que sufren inmigrantes y refugiados sirios, iraquíes y magrebíes en Europa, e incluso en la exclusión que ejerce el propio ente sionista contra los etíopes de fe judaica que ellos mismos han integrado en ese proyecto colonial en tierra Palestina. El sionismo es una ideología de odio, supremacista y segregacionista, que no resiste un debate de revisionismo antropológico e histórico.

Los judíos no pertenecen a una sola cultura ni descienden de una sola etnia, más bien pertenecen a diversas culturas de distintas lenguas, producto del proselitismo judaico desde la era Helénica como también bajo el auge del imperio Romano. Lo judío solo se representa mediante la práctica religiosa del judaísmo, del mismo modo que ser católico romano no significa ser originario de Roma, sino practicar el catolicismo de rito romano o latino. Judea no existe desde hace más de 1900 años, cuando era una provincia romana. Hoy, ese espacio geográfico en Palestina corresponde al sur de lo que se conoce como Cisjordania, y quienes viven allí, con una tradición y ascendencia de ancestros milenarios, son los palestinos, que descienden de todo lo que allí floreció y conquistó, y cuya completa arabización fue hace más de 1600 años, dos siglos antes del Califato Omeya, durante el periodo de dominio bizantino. En la actualidad, los únicos judíos semitas son aquellos que hablan árabe coloquial como lengua materna, como también las pequeñas comunidades hablantes del arameo Deni en Irak y las comunidades en Etiopía que hablan lenguas etiópicas, como el tigrinya y el Amharico. De Palestina salió el judaísmo, pero no la gente de Judea.

El antisionismo tampoco es judeofobia, porque no estamos en contra de la creencia judaica; esta también, junto al samaritánismo, forma parte del patrimonio mítico-religioso ancestral de los pueblos de Bilad Esh Sham (Siria, Líbano, Palestina). Riqueza pluricultural que denota cómo, a lo largo de la historia, los pueblos en sus territorios simplemente experimentan cambios culturales y de creencias religiosas, sin que esto borre toda la ancestralidad que los construye.

Ariel Barrera-Haddad
Investigador y Gestor Cultural
Miembro de la Unión Palestina de América Latina(UPAL)