Un hallazgo sorprendente: descubren que un fósil olvidado durante 27 años perteneció a un dinosaurio de 3 metros que vivió en las antiguas costas de Japón

CIENCIAS DE LA VIDA / PALEONTOLOGÍA.-

Un hueso hallado en Fukushima en 1999 perteneció a un iguanodontio de unos tres metros y revela una diversidad inesperada entre los dinosaurios que habitaron las costas de Japón durante el Cretácico.

Hace alrededor de 90 millones de años, el entorno donde quedó enterrado el fósil correspondía a una antigua zona costera de Japón. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.

Un fósil que permaneció más de dos décadas sin estudiar en Japón acaba de aportar una pieza inesperada al puzzle de los dinosaurios que habitaron el extremo oriental de Asia durante el Cretácico. No se trata de un esqueleto completo, ni siquiera de un cráneo. Es una única placa ósea del pecho, pero su tamaño ha permitido a los paleontólogos reconstruir parte de la historia de un animal de unos tres metros de longitud que vivió en lo que hoy es la prefectura de Fukushima.

El fósil fue encontrado en 1999 dentro de los terrenos del Iwaki City Ammonite Center. Desde el principio existían sospechas de que podía tratarse de una placa esternal de un hadrosauroideo, pero el ejemplar quedó pendiente de un análisis detallado. Ahora, Masami Kondo, Kohei Tanaka, Fumiaki Utagawa, Junki Yoshida y Darla K. Zelenitsky han vuelto sobre aquella pieza y han publicado sus conclusiones en Paleontological Research.

La identificación resulta especialmente interesante por una cuestión de escala. Los restos de iguanodóndidos encontrados anteriormente en depósitos marinos del Cretácico Superior japonés parecen proceder de animales de más de tres metros. El ejemplar de Fukushima se encuentra justo alrededor de ese límite. Es una pista de que las costas del Japón cretácico no estuvieron frecuentadas únicamente por individuos de gran tamaño.

Y hay otro detalle que hace singular la historia: la roca que conservó el hueso se formó en un ambiente marino poco profundo. El dinosaurio, evidentemente terrestre, terminó dejando una parte de su esqueleto en sedimentos asociados al mar.

Un hueso de apenas unos centímetros que llevaba décadas esperando.

El ejemplar, catalogado como I-423344, procede de la parte media del miembro Obisagawa de la Formación Ashizawa, dentro del Grupo Futaba. Esta unidad geológica está formada principalmente por areniscas finas y lutitas arenosas que los geólogos interpretan como depósitos de la zona comprendida entre la costa inferior y la plataforma continental interna.

De hecho, el entorno fósil de Obisagawa es eminentemente marino. Allí se han encontrado restos de tiburones y otros peces cartilaginosos, plesiosaurios y mosasaurios, además de ammonites, bivalvos, gasterópodos y braquiópodos. Los vertebrados terrestres son, en comparación, mucho más raros. Precisamente por eso un hueso de dinosaurio encontrado entre estos sedimentos tiene un interés que va más allá de su anatomía.

La pieza conservada mide 108,4 milímetros de longitud, aunque está incompleta. Los investigadores la identifican como una placa esternal derecha: uno de los elementos que formaban parte de la región pectoral del animal. Presenta una característica silueta parecida a un hacha, con una parte anterior ancha y una prolongación posterior relativamente corta.-

La anatomía permitió descartar otras posibilidades. Aunque las placas esternales con esta forma también aparecen entre ciertos paquicefalosaurios, el fósil japonés carece de algunas de sus características distintivas. En cambio, reúne varios rasgos observados entre los iguanodontios derivados: las placas derecha e izquierda no estaban fusionadas, el margen lateral es cóncavo y la prolongación caudolateral es relativamente corta y no está aplanada.

Un fósil de un pequeño dinosaurio hallado en Fukushima revela una diversidad inesperada en los antiguos ecosistemas costeros de Japón. Foto: Masami Kondo et al., Paleontological Research (2026)

"El fósil permaneció más de dos décadas sin un estudio detallado después de ser descubierto en Fukushima en 1999".

El dinosaurio de tres metros que cambia la imagen de aquella costa.

La prudencia taxonómica es importante. Los autores no afirman haber descubierto una nueva especie. El fósil puede asignarse a Styracosterna, un amplio grupo de iguanodontios derivados en el que también se encuentran los hadrosauroideos. Llegar más lejos únicamente con esta pieza sería arriesgado.

Sin embargo, el contexto proporciona una pista adicional. Los restos de iguanodontios conocidos previamente en la Formación Ashizawa han sido atribuidos a hadrosauroideos, y este grupo tuvo una presencia importante y diversa en Asia oriental durante el Cretácico Superior. Por ello, los investigadores consideran probable que I-423344 también perteneciera a un hadrosauroideo, aunque mantienen oficialmente una clasificación más conservadora.

Lo realmente llamativo aparece al comparar sus dimensiones con otros dinosaurios asiáticos. La placa es semejante en tamaño a la de un esqueleto subadulto de Gobihadros mongoliensis hallado en Mongolia, cuyo cuerpo medía aproximadamente tres metros. Esa comparación lleva a los investigadores a proponer una longitud corporal cercana a los tres metros para el animal de Fukushima.-

No es posible saber con seguridad si era un ejemplar juvenil o un adulto perteneciente a una especie relativamente pequeña. La forma de estas placas puede modificarse durante el crecimiento y, además, existen diferencias considerables entre especies. El propio estudio advierte de que la anatomía disponible no permite establecer con precisión la edad del individuo. Lo que sí parece claro es que era pequeño en comparación con otros iguanodontios documentados en depósitos marinos del Cretácico Superior de Japón.

Un equipo de la Universidad de Tsukuba ha identificado un fósil de Fukushima como parte del esternón de un dinosaurio iguanodontio. Ilustración de Masato Hattori

"El pequeño tamaño del ejemplar sugiere que las antiguas costas de Japón estuvieron habitadas por iguanodontios de dimensiones muy diferentes".

Una costa con dinosaurios de tamaños muy diferentes.

Esta diferencia permite mirar la Formación Ashizawa desde otra perspectiva. En la misma unidad geológica se habían recuperado dientes y vértebras de hadrosauroideos correspondientes a animales mayores. La presencia de este ejemplar más pequeño apunta a que los ecosistemas terrestres próximos a aquella antigua costa pudieron albergar iguanodontios de distintas dimensiones.

El hallazgo tampoco implica que estos dinosaurios fueran animales marinos. Sus cadáveres o huesos pudieron llegar hasta el mar desde tierra firme y quedar enterrados allí. Lo relevante es que los sedimentos costeros están conservando una muestra, aunque fragmentaria, de la fauna que vivía en los territorios cercanos.

Existen paralelos fuera de Japón. El estudio recuerda que en depósitos marinos del Cretácico Superior de Norteamérica y el norte de África también han aparecido restos de hadrosauroideos correspondientes tanto a individuos pequeños —juveniles o adultos de especies de menor talla— como a ejemplares grandes.

Fukushima añade ahora una evidencia comparable desde el margen oriental de la antigua Laurasia. Y lo hace gracias a un fósil descubierto en 1999 que, durante más de veinte años, parecía poco más que una pieza pendiente de identificar. A veces no hace falta encontrar un dinosaurio entero para cambiar la imagen de un ecosistema desaparecido: poco más de diez centímetros de hueso pueden ser suficientes.

Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.

Sitio Fuente: MuyInteresante