Cómo impulsar una cultura científica sólida en México

CIENCIA-UNAM.-

En Ciencia UNAM nos unimos a la conmemoración del Día Internacional de la Cultura Científica, 28 de septiembre.

La ciencia y la tecnología no están en un laboratorio lejano: están en nuestro día a día. Están en el refrigerador del supermercado del que elegimos un yogurt, en el coche que nos lleva al trabajo o a la escuela, en la pastilla que nos tomamos para el dolor de cabeza y hasta en la app del celular que nos dice si va a llover.

Por eso es tan importante que todos construyamos una cultura científica, pues no se trata solo de saber que hay ciencia en lo que hacemos de forma cotidiana, sino de atrevernos a preguntar. Por ejemplo, en la actualidad con toda la información que tenemos a nuestra disposición, podemos cuestionar ¿de dónde salió ese dato? y ¿qué pruebas hay de su veracidad? Porque cuando hacemos esas preguntas, dejamos solo de consumir información y empezamos a usarla para decidir mejor y participar en lo que pasa a nuestro alrededor.

En eso radica la importancia del Día Internacional de la Cultura Científica, el cual se celebra cada 28 de septiembre, según una iniciativa presentada a la Unesco por parte de la Sociedad Mexicana para la Divulgación de la Ciencia y la Técnica (Somedicyt).

En entrevista para Ciencia UNAM, la doctora Marcela Amaro Rosales, investigadora y actual directora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, advierte que no es fácil formarnos una cultura científica, pues hay un proceso de entrenamiento que como sociedad no necesariamente tenemos y cada vez es más necesario, pues todo el tiempo estamos cerca de la ciencia y la tecnología.

“Mi cultura científica tendría que proveerme de muchas más habilidades para poder usar los desarrollos tecnológicos. Ahí está la clave: generar habilidades y capacidades que fortalezcan nuestra cultura científica, como son observar, dudar, preguntarnos, no dar por hecho ciertos resultados que parece que son muy sencillos”.

Agrega que en un momento de información abundante y fake news, esta cultura nos puede brindar las herramientas para distinguir lo verídico de lo falso, leer críticamente el mundo, enseñarnos cómo se produce el conocimiento y apropiarse de él para poder decidir y participar activamente en la sociedad.-

Inclusión, pilar de la cultura científica.

Frente a este panorama existen retos muy importantes, entre ellos, hacer partícipe a las personas del conocimiento científico y lograr que no vean a la ciencia como algo lejano.

Por mucho tiempo se pensó que la ciencia estaba separada de la sociedad y que sus resultados eran incuestionables, que solo los científicos tienen conocimientos válidos y podían hablar de ciencia, creencias que en la actualidad ha perdido validez.

Hoy se trabaja en transmitir a qué se dedican los científicos: observar y resolver problemas de la sociedad. Asimismo, se pretende visibilizar que la ciencia está presente en muchos aspectos de nuestra cotidianidad. De no lograrse lo anterior, las personas seguirán viendo a la ciencia como algo alejado a ellas, cuando no es así.

“Hay modelos como el de ciencia ciudadana que tienen que ver con alejarnos de esa idea de que la ciudadanía no entiende la ciencia, porque no tiene conocimientos básicos y solamente le dan información muy general; y no, en realidad la relación entre ciencia y sociedad es mucho más compleja porque hay un elemento de confianza que se tiene que construir conjuntamente. No solamente es informarles; es incorporarlos en la formulación de preguntas y en la construcción de posibles respuestas y soluciones”.

La especialista en estudios sobre ciencia, tecnología y sociedad explica que muchas veces los científicos creen que la solución que le ofrecen a una comunidad es la adecuada, sin tomar en cuenta el conocimiento basado en la experiencia que tiene la misma población y que puede complementar mucho del conocimiento científico o tecnológico.

Por ello, es importante que si se busca resolver un problema en una comunidad, los científicos vayan al lugar, lo conozcan, hablen con las personas y, en conjunto, busquen soluciones, es decir, se trabaje con verdaderos procesos de inclusión social.

“Y si las comunidades se sienten partícipes de la solución, es mucho más factible que la lleven a cabo, a que solamente digan: vinieron y me dijeron que lo hiciera así. Demostrado está que esos procesos terminan abandonándose; aunque técnicamente sean soluciones, la gente no las siente como suyas”.

Aunado a esto, hoy la ciencia ha avanzado hacia mecanismos más multidisciplinarios e interdisciplinarios, por lo que en la solución de un problema pueden participar un ingeniero, un arquitecto, un urbanista, pero también un sociólogo, un economista, etcétera. Porque las ciencias sociales también son ciencias.

Por lo tanto, para llevar a cabo estos procesos de inclusión y colaboración entre el científico y la población es necesario contar con una cultura científica para que las personas tomen decisiones informadas en los retos que enfrentan en sus comunidades y en el mundo.

Acercar la ciencia a niños y jóvenes.

Para fomentar un interés en la ciencia desde la niñez y la juventud –lo cual sería un motor para conformar una cultura científica– es importante la curiosidad, que es la base de la ciencia.

“Tenemos que pensar desde las instituciones educativas cómo hacemos para que esa curiosidad se mantenga y todo el tiempo se estén haciendo preguntas. Ese ejercicio es algo que cuando tienen más de 20 años cuesta trabajo. Eso quiere decir que entre los tres, cuatro, cinco años a los 20 hicimos algo en el sistema educativo y en la sociedad que limitó su capacidad de ser curiosos, tal vez decirles que la educación se trata de que aprendan un concepto, memoricen, respondan, hagan”.

Sin embargo –enfatiza la doctora Amaro Rosales– la ciencia va más allá de eso: incluye hacer una serie de conexiones lógicas, preguntarse, indagar, incorporar mecanismos de aprendizaje, de error y reunir nueva evidencia, para lo cual es básico fomentar la curiosidad desde la niñez.

Hoy existen distintos esfuerzos para comunicar la ciencia a los niños, jóvenes y adultos, con el fin de fortalecer e impulsar en ellos una cultura científica. Algunos de éstos son ferias, obras de teatro, demostraciones, exposiciones.

“Acercar la ciencia a la población es nuestra labor; [debemos] hacer una difusión mucho más clara, una divulgación más oportuna, porque las ciencias tienen lenguajes complejos, conceptos que no son fáciles, pero tenemos que traducirlos porque es importante que la sociedad sepa que la ciencia está presente en su día a día y que la necesitamos para todo. Hemos avanzado mucho, cada vez hay más personas formadas para hacer divulgación científica”.

Diferencias regionales.

La investigadora reconoce que en México sí hay una cultura científica, pero es débil, porque aunque puede haber un conocimiento sobre lo que se hace en la ciencia, también hay mucha desinformación que limita el consolidar una cultura científica más sólida y con mayor alcance.

En su opinión, si México no tiene una mayor cultura científica es porque existen diferencias profundas entre las distintas regiones que integran el país, por ejemplo, no es lo mismo vivir en una ciudad donde hay más oportunidad de acceder a cierto tipo de conocimiento, de dialogar y de discutir, que en una comunidad rural donde esto es más complicado.

“Es un problema histórico: las desigualdades regionales, sociales y científicas que afectan de forma estructural a cómo promover una cultura científica. Cualquier acción  que hagamos también debe lograr diferenciar eso. No es lo mismo cómo divulgamos ciencia dentro de la universidad que cómo lo hacemos con una comunidad indígena. Creo que esas diferencias son muy importantes en cómo pensamos una cultura científica para el país”, concluye la investigadora.

Por: María Luisa Santillán.

Sitio Fuente: Ciencia UNAM